“La filosofía se convierte en algo útil cuando tienes que buscar respuestas a cuestiones fundamentales”, entrevista a Carlos Fraenkel (Parte I)


319 - 20 de marzo de 2016

María L. Núñez & Guillermo Gallardo
Conversamos con Carlos Fraenkel, filósofo, profesor universitario y escritor, quien acaba de estrenar su última obra, 'Enseñar Platón en Palestina'.

A lo largo de una hora hablamos con él de su libro, de la importancia de la filosofía en la vida pública o de cómo aplicar la teoría filosófica a la práctica. Fraenkel no rehúye ningún tema de los que le plantea 'La Brecha', rebate y deja rebatir, haciendo honor a esa cultura de debate de la que es adalid/que menciona. Es atento, curioso y, a pesar de ser académico, es consciente de que la filosofía tiene que salir a la calle para tener un valor real en la vida de los ciudadanos. Hoy estrenamos la primera parte de la entrevista que tuvo lugar en una soleada tarde de febrero en Madrid.


Partiendo de su concepto de la filosofía como una herramienta para animar a las personas a tener un intercambio y que se aplique en su vida las circunstancias (que es un concepto muy ‘orteguiano’), ¿por qué "Enseñar Platón en Palestina" precisamente, y no en cualquier otro lugar del planeta?


Es una buena pregunta. El libro tiene seis capítulos y en los cinco primeros cuentan la historia de cuando fui a Palestina, a Indonesia, a Nueva York, a Brasil y el último es intercambio con la comunidad mohawk, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Elegí estos sitios porque están en la línea de conflicto, son conflictos que representan la realidad de nuestros días. Está el tema de Palestina, el de Indonesia, cuestiones sociales en Brasil, las consecuencias del colonialismo…


Así que la idea básica es que la filosofía puede ser útil para solventar este tipo de conflictos. Cuestiones como si la violencia está justificada, qué es la justicia social y cómo podemos llegar ahí, la autodeterminación política…Herramientas para explorar estas cuestiones y hacer argumentaciones sobre diferentes respuestas.


¿Por qué Platón más concretamente? Porque Platón, especialmente los diálogos socráticos, son una buena manera de llegar a una conversación, porque no son tratados teóricos, pesados, de los que son difíciles. Están escritos de una manera muy viva y tratan de cuestiones con las que se pueden relacionar los alumnos, y me parecía fácil integrarlo en la conversaciones con los estudiantes. Sócrates también fue el primero que intentó hacer la filosofía relevante para las conversaciones reales del mundo, tenía ese proyecto de filosofía para la gente. Para mí Platón fue como una especie de trampolín para entrar en ese tipo de conversaciones. Y tuvimos discusiones interesantísimas, enseñando Platón a palestinos. Sobre cómo empezamos con Platón y luego nos movimos a cuestiones relacionadas con los estudiantes mismos.


Entonces, dado que habla en diversos escenarios, ¿es Palestina quizá el lugar donde hay ahora mismo está el conflicto, tanto religioso como cultural, más arraigado de la historia moderna? Y Platón en concreto, ¿por qué es uno de los filósofos más importantes de la historia? ¿Ahí reside su importancia?


No quería que el episodio de Palestina dominara todo el libro, tenía que ser un ejemplo entre cinco. Elegí el título en parte por motivos literarios. Porque tiene una cualidad literaria enseñar Platón en Palestina. Había consideraciones estéticas también a la hora de elegir el título. No era tanto para atraer la atención hacia el conflicto palestino-israelí en particular a expensas de los otros sitios. Esa no es la intención.


Y Platón, para mí, porque aunque es alguien que he estudiado en textos académicos y no académicos, no le veo como una autoridad filosófica. Me parece que es un buen trampolín, pero yo no soy un ‘platonista’ que está tratando de trasladar una sabiduría platónica. Le empleo porque sus diálogos tienen esta naturaleza tan viva y atrae conversaciones interesantes. Y, a veces, ayuda también a reflexionar críticamente sobre el compromiso propio. Por ejemplo, ‘La República’, es un texto que puede jugar un papel socrático en sí mismo, porque él argumenta en contra de la democracia, de la libertad…de todas aquellas cosas que nosotros damos por hechas aquí y en las democracias occidentales. Pensamos que la igualdad o la libertad son asuntos no negociables y valores importantes. Y Platón nos obliga a reflexionar sobre estos conceptos porque en ‘La República’ él los cuestiona, y también eso me parecía interesante como manera de conducir la discusión sin someterme a la dictadura de Platón como filósofo. Es decir, que el episodio de Platón no tenía que ser un episodio privilegiado en el libro, pero es cierto que llama la atención.


Fueron motivos tanto estéticos como filosóficos los que me llevaron a elegir ese título, en ese lugar y con ese filósofo.




Descendamos entonces a esos problemas reales de la gente que ha mencionado, ¿con este libro pretende provocar y llamar a la acción para que la gente utilice la filosofía para reflexionar?


Creo que sí. No desprecio la filosofía académica, en absoluto, porque yo soy un filósofo académico también y doy clase en la universidad. Soy parte del establishment académico, pero creo que no deberíamos limitar la actividad de uno al ámbito académico sino que podemos ir y venir entre el mundo académico, desde esa torre de marfil, y el mundo real. Deberíamos hacer que esas herramientas que hemos adquirido en el ámbito académico se utilicen de manera útil para la sociedad, para poder emplearlas en este conflicto, poder explorar las respuestas a las cuestiones, poder progresar en temas políticos sin tener esa fe ciega.


No creo que la paz mundial vaya a ser un resultado de la filosofía, pero sí creo que puede contribuir de una manera modesta o con temas sustanciales, según el caso. Y una de las principales maneras que veo que la filosofía puede contribuir es a través de esta cultura de debate, donde generamos estos choques de cultura que ya existen pero los hacemos productivos. Seguimos teniendo el conflicto pero en lugar de llevarlo a cabo a través de medios violentos, lo llevamos a cabo a través de medios pacifistas. Esto puede responder a un deseo fundamental, humano, que es el deseo de la verdad.


¿Qué papel puede tener la filosofía para cambiar el mundo?


La filosofía puede ayudar a clarificar ideas, a aclararlas. Luego, si puedes actuar con esas ideas y hacerlas viables depende del tipo de poder político que puedas llegar a tener. En una dictadura te puedes beneficiar de poder aclarar ideas pero no puedes actuar en base a ellas, porque no tienes ningún tipo de poder. Así que la unión entre la discusión filosófica y la acción política necesita un marco que permita la traducción de las ideas a la práctica. Y si no tienes ese marco entonces es una buena idea tener esas discusiones, para poder pensar sobre ellas, pero no vas a poder actuar. Es decir, no en todas las situaciones políticas podría la discusión filosófica generar cambios reales en el mundo.


En la situación actual donde el conflicto, sobre todo el conflicto armado o el conflicto social, tiene tanta presencia, ¿la filosofía estaría directamente relacionada con esos conflictos o podría haber una filosofía más del día a día, más cercana a los problemas cotidianos?


Creo que la práctica de la filosofía, según la estoy describiendo yo, puede y deber ser parte de la vida cotidiana, y debe ser valiosa en estas situaciones y no solo en momentos de conflicto económico o político. Estoy a favor de diseminar la filosofía y extenderla al sistema educativo y que sea parte de la vida diaria de las personas, porque las cuestiones sobre cómo vivir o cómo debería uno comportarse con su mujer, con sus padres o con sus hijos son cuestiones con las que todos nos tenemos que enfrentar, todos tenemos que definir nuestra manera de hacerlo. No es algo específico de una zona de conflicto. Hay cuestiones a las que todo el mundo se enfrenta. Y, a veces, en las zonas de conflicto estas cuestiones se vuelven más urgentes.


El último taller que hice fue con la comunidad de las primeras naciones de nativos del norte de américa, los mohawks. Muchas de estas comunidades quieren conseguir su soberanía, reconstruir las naciones que eran antes de que llegaran los británicos y franceses a colonizarles. Quieren recuperar su independencia política, ser naciones independientes. Ahora están negociando los acuerdos a través de las fronteras con Canadá y Estados Unidos. En este caso, las preguntas más básicas de la filosofía se convierten en esenciales, ellos tienen que pensar: “entonces, si Canadá deja de mandar sobre nosotros, ¿quién debería tomar el mando? ¿Deberíamos intentar adoptar unas instituciones liberales democráticas, deberíamos buscar compromisos? ¿Debería ser un miembro de la comunidad? ¿Quién defiende nuestra soberanía? ¿Cuál es el bien público?”. Son, de repente, cuestiones vitales, urgentes…Estas situaciones en un momento de “no crisis” están ya asentadas y, en casos como este, se vuelven preguntas muy abiertas. Y la filosofía se convierte en algo especialmente útil cuando tienes que buscar respuestas para estas cuestiones tan fundamentales.


Creo que aunque deberían de debatirse siempre en todas partes, pueden llegar a ser muy urgentes o importantes en estos lugares donde hay una discusión abierta sobre las condiciones políticas.


Si en estas sociedades históricas la filosofía era tan relevante, ¿por qué en la actualidad es prácticamente irrelevante, incluso en sociedades avanzadas como las nuestras? ¿Por qué se ha arrinconado a la filosofía?


Como académico me he pasado mucho tiempo estudiando a filósofos como Aristóteles, Platón, Averroes, Maimónides, Kant, Spinoza, etcétera y muchos de estos filósofos tenían un concepto que me gusta llamar el “concepto heroico de la filosofía”. Confían demasiado en lo que la filosofía podría llegar a ser. Por ejemplo, Platón te dice que la filosofía puede reorganizar la sociedad, enseñarte cómo vivir, que puede ser una guía real para nuestras vidas individual y socialmente. Creo que este concepto de la filosofía ya no se puede defender. La filosofía como guía e incluso como un reemplazo de la religión que te da instrucciones acerca de cómo vivir y cómo reorganizar la sociedad o cómo generar relaciones con otros. Creo que eso ya es muy difícil de defender.


Así que entiendo que la gente pueda sentir escepticismo con respecto a la filosofía, porque pueden relacionarla con este tipo de sabiduría que te dice cómo tienes que vivir, cómo tienes que organizar la sociedad. Con esas expectativas, la filosofía siempre te va a decepcionar. La filosofía contemporánea es muy técnica y ya nota trata de estos asuntos; o si no es un poco “filosofía de la memoria”, que ya tampoco tiene mucho sentido revivir todo esto.


Lo que yo propongo es algo mucho más modesto: una filosofía de práctica, donde tú no estás enseñando una sabiduría sino que estás enseñando cómo funcionan ciertas herramientas para que la gente pueda hacer que su entorno tenga sentido.

Así que creo que es importante diferenciar entre la grande y gloriosa tradición de la filosofía, que es bastante difícil de defender para nuestra vida de hoy en día, y la práctica de la filosofía, que sí permanece como algo relevante. Creo que merece la pena implementarla dentro del sistema escolar. Es decir, para mí la doctrina de Platón no es algo que quisiera imponer a la gente. Está bien para reflexionar pero no es algo sólido desde lo que se pueda organizar la sociedad.


La próxima semana publicamos la II parte de la entrevista con Fraenkel: hablamos de actualidad, de la crisis de los refugiados…y, por supuesto, de filosofía.